Lectura · Sistema nervioso y autismo

Camuflaje
y costo invisible

Todo parecía estar bien. Y luego, en algún momento posterior, algo cambió. Lo que esa secuencia no nos dice, por sí sola, es qué estaba ocurriendo en el sistema mientras todo parecía estar bien.

Hay una observación que aparece con frecuencia en contextos clínicos y educativos. Una persona participa, se comunica, responde, sostiene interacción. Desde afuera, la situación parece estar funcionando. Y luego, más tarde — al terminar la jornada, al llegar a casa, al día siguiente — algo cambia. Algo que antes hacía ya no lo hace de la misma manera.

A menudo, la explicación que se ofrece es conductual o emocional: la persona se desreguló, tuvo un mal día, reaccionó de forma desproporcionada. Esa explicación puede ser parte de lo que ocurrió. Lo que, por sí sola, no examina es qué estaba ocurriendo durante el período en que todo parecía estar bien.

Esta lectura parte de esa pregunta. No para responderla con certeza — sino para cambiar dónde se busca la respuesta.

La participación visible, por sí sola, no permite determinar el costo de producirla.

Una persona puede sostener comunicación, interacción y adaptación durante horas, en un entorno que demanda ajuste continuo — y hacerlo de una manera que puede consumir margen sin que ese consumo sea visible desde afuera. Lo que el observador ve es la participación. Lo que el observador no ve es desde qué organización se está produciendo.

El marco propone una distinción para seguir esta diferencia: entre participación que ocurre con acceso amplio y margen disponible, y participación que ocurre bajo esfuerzo adaptativo sostenido con margen estrecho. Desde afuera, las dos pueden verse similares, aunque el marco propone que podrían corresponder a organizaciones diferentes.

Esa distinción no es observable directamente. Es un constructo del marco para abrir preguntas que la conducta visible no alcanza a responder.

Camuflaje es un término que la investigación usa para describir algo que las propias personas autistas relatan: adaptar su expresión y su conducta para ajustarse a las expectativas del entorno, de maneras que pueden no ser visibles para quien observa desde afuera (Hull et al., 2017). Buena parte de lo que se sabe sobre el camuflaje proviene de esos relatos y de cuestionarios en los que las personas describen su propia experiencia (Hull et al., 2019). El marco no redefine fisiológicamente ese fenómeno. Lo pone en conversación con los conceptos de organización, acceso y margen — para preguntar qué podría estar ocurriendo en el sistema cuando esa adaptación ocurre de manera sostenida.

Las condiciones importan en esa conversación. Entornos que demandan adaptación sostenida — expectativas de conducta neurotípica, demanda comunicativa elevada, predictibilidad reducida, esfuerzo continuo de ajuste — pueden hacer que cierta forma de adaptación de la expresión sea más necesaria. Lo que el marco propone observar es si esa adaptación podría tener costos que no son visibles en el momento en que ocurre.

Lo que el observador ve es la participación. Lo que no ve es desde qué condiciones y con qué esfuerzo se está produciendo.

Hay algo importante en cuándo y dónde aparece ese cambio.

Puede no aparecer durante la situación de demanda, sino después: en un entorno diferente, o simplemente más tarde. En un estudio cualitativo con 92 adultos autistas, el agotamiento fue la consecuencia del camuflaje que apareció de manera más consistente en los relatos analizados; muchos participantes también describieron la necesidad de pasar tiempo a solas para recuperarse después (Hull et al., 2017). Ese desplazamiento en el tiempo puede hacer que la secuencia sea difícil de leer desde afuera.

Si existe una relación entre la participación anterior y el cambio posterior, esa relación no es directamente observable. Lo que el marco propone es que el momento en que algo deja de ocurrir como antes puede no coincidir con el momento en que el esfuerzo que lo precedió ocurrió. Lo que se ve desde afuera es el cambio. Lo que pudo haberlo precedido, quien observa solo puede inferirlo; la propia persona puede conocer parte de ello y comunicarlo, si quiere hacerlo.

Si existe un costo, puede ocurrir durante la participación que parece exitosa.
Su visibilidad puede ocurrir después.

Esa posible separación no permite concluir que la causa siempre sea la participación anterior. Permite preguntar si podría serlo — y orienta la observación hacia lo que ocurrió antes del momento en que el cambio se volvió visible.

Hay varias cosas que esta observación no permite concluir.

No permite concluir que toda participación fluida implica camuflaje. Hay participación que ocurre con acceso amplio y sin esfuerzo adaptativo sostenido. El marco no convierte toda participación exitosa en evidencia de costo invisible.

No permite concluir que el cambio posterior fue causado por la participación anterior. La relación entre ambos momentos puede explorarse observando si la secuencia se repite y, especialmente, escuchando cómo la propia persona describe lo que experimentó. Su relato aporta conocimiento sobre su experiencia, aunque no demuestra por sí solo un mecanismo fisiológico específico.

No permite concluir que la participación con dificultad visible sea necesariamente más auténtica o menos costosa que la participación que parece fluida. La forma visible de la participación, por sí sola, no permite determinar el esfuerzo que requiere sostenerla.

Tampoco permite concluir que la persona deba dejar de camuflar. Para algunas personas puede ser una estrategia que valoran en ciertos contextos —para encajar o para conectar con otros—; para otras, una respuesta difícil de evitar en entornos que penalizan la expresión autista (Hull et al., 2017; Pearson & Rose, 2021). Reconocer un posible costo no autoriza a decidir por ella. Las condiciones del entorno también deben examinarse: qué expectativas, riesgos o presiones pueden estar influyendo en esa adaptación, y qué cambios podrían ampliar las opciones reales de la persona sin exigirle que deje de camuflar. A veces, una respuesta útil del entorno es reducir las exigencias de adaptación y ofrecer condiciones en las que la persona tenga mayor libertad para decidir cómo participar. Y su perspectiva sobre lo que le cuesta y lo que quiere es central en esa conversación.

Lo que sí permite es preguntar de otra manera.

Cuando la pregunta deja de ser ¿por qué se desreguló si todo estaba bien? y se convierte en ¿qué podría haber estado requiriendo el período en que todo parecía estar bien?, lo que el observador puede ver se amplía.

No porque ahora tenga acceso a lo que el sistema estaba haciendo internamente. Sino porque la pregunta orienta la atención hacia las condiciones — qué demandas existían, qué tipo de adaptación pudo ser necesaria, cuánto tiempo se sostuvo, qué oportunidades de recuperación hubo después y qué dice la propia persona sobre lo que le costó — en lugar de orientarla solo hacia el momento visible del cambio.

Eso no resuelve la situación. Abre una observación diferente.

Participación visible no equivale a costo visible.

Esa frase no afirma que siempre haya costo. Afirma que la participación visible, por sí sola, no permite determinarlo. Y que, si existe, puede no aparecer en el mismo momento ni en el mismo contexto en que ocurrió la participación que pudo haberlo precedido.

Leer esa separación — entre lo que ocurrió y cuándo se volvió visible — es parte de lo que significa aprender a leer el sistema nervioso a través del tiempo, y no solo en el momento en que la conducta se hace observable.

Referencias

Esta lectura es parte del camino Sistema nervioso y autismo dentro de NDC.